Ejercicio y Corazón

Los ejercicios aeróbicos, o cualquier actividad que ejercite los grandes músculos del cuerpo durante al menos 20 minutos, elevan el gasto cardíaco y aceleran el índice metabólico. Se suelen recomendar de tres a cinco de estas sesiones a la semana para mejorar la salud del aparato cardiovascular. Caminar rápido, correr, andar en bicicleta y la natación son ejemplos de ejercicios aeróbicos. El ejercicio mantenido aumenta la demanda de oxígeno de los músculos. Un deportista entrenado puede conseguir un gasto cardíaco de hasta seis veces que el de un sedentario durante el ejercicio, debido a que el entrenamiento produce hipertrofia (aumento del tamaño) del corazón, sin embargo, el gasto cardíaco en reposo es aproximadamente el mismo que el de una persona sana no entrenada, a pesar de que la frecuencia cardiaca es más baja (40 a 60 latidos/min) debido a que el volumen sistólico está aumentado. Otros efectos del acondicionamiento físico son un aumento de las lipoproteínas de alta densidad (HDL) o colesterol bueno un descenso de los niveles de triglicéridos y una mejoría de la función pulmonar, reducción de la presión arterial, ansiedad y depresión, controla el peso y aumenta la capacidad del organismo para disolver coágulos sanguíneos. El ejercicio intenso aumenta los niveles de endorfinas; analgésicos naturales del organismo. Este hecho puede explicar la “estimulación” psicológica que experimentan los deportistas con el entrenamiento intenso y el “bajón” que sienten cuando dejan de entrenarse de forma regular. El ejercicio también ayuda a fortalecer los huesos. Algunas investigaciones indican que el ejercicio puede incluso proteger contra el cáncer y la diabetes.

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