Anexos embrionarios

Además de la gastrulación, un segundo fenómeno importante del período embrionario de los vertebrados terrestres, es la formación de las membranas embrionarias o extraembrionarias. El término de “extraembrionarias”, significa que se sitúan por fuera del embrión, lo protegen y nutren, y más adelante, hacen lo mismo con el feto. Dichas membranas son: el saco vitelino, el amnios, el corion y el alantoides (Figuras 5 y 6.

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Anexos embrionarios
Figura 5. Formación de anexos embrionarios. El saco vitelino rodea al vitelo. El amnios y el corion rodean al embrión. Los líquidos secretados por el amnios llenan la cavidad amniótica, suministrando un ambiente acuoso para el embrión.
Figura 6. Membranas embrionarias: saco vitelino, amnios, corion y alantoides.

En especies cuyas crías se desarrollan dentro de un huevo con cáscara, como las aves, el saco vitelino (yema del huevo) es la fuente principal de vasos sanguíneos que transportan nutrientes al embrión. Sin embargo, el ser humano recibe sustancias nutritivas del endometrio, de modo que el saco vitelino es pequeño y funciona como sitio inicial de formación de la sangre.

Con respecto al amnios, recordemos que los vertebrados se denominan amniotas porque sus embriones se desarrollan dentro del líquido amniótico, contenido en una cavidad delimitada por el amnios, que se forma hacia el octavo día después de la fecundación. En consecuencia, el amnios junto con el líquido amniótico participan en la absorción de impactos que eventualmente puede sufrir la madre durante el embarazo.

El alantoides en los seres humanos es pequeño y tiene como única función, el que sus vasos sanguíneos contribuyen a la formación de los vasos del cordón umbilical que comunica el embrión con la placenta.

El corion se convierte en la placenta, que es la estructura para el intercambio de materiales entre la madre y el feto. Además, produce la hormona gonadotrofina coriónica humana (HCG). La capa interna del corión se fusiona tarde o temprano con el amnios.

Placenta

La vida fetal está sustentada por la placenta, órgano que se forma a partir de la decidua basal materna, derivada del endometrio uterino y, del corión fetal. Es decir, la placenta se estructura con componentes maternos y fetales (Figura 7).

Desde el final de la tercera semana hasta el nacimiento, el feto recibe los nutrientes y elimina los desechos metabólicos a través de la placenta. Este órgano también secreta un conjunto de hormonas esteroidales y proteicas, como también prostaglandinas.

Dentro de las hormonas esteroidales, las principales son la progesterona y estrógenos, que son los responsables del mantenimiento de la gestación y de la prevención del aborto espontáneo y del parto prematuro. También ayudarían en esta función, las prostaglandinas, que como sabemos no son hormonas exclusivamente producidas por la placenta. La secreción de (HGC) comienza desde la aparición del trofoblasto embrionario, luego el corion, que formará la parte fetal de la placenta, la cual sigue su secreción declinando fuertemente al final del primer trimestre del embarazo (figura 8).También la placenta sirve como barrera protectora, ya que muchos agentes patógenos no la pueden atravesar, pero otros si, por ejemplo el virus de la rubéola, él cual al atravesar la placenta daña gravemente el desarrollo embrionario (agente teratógeno).

Figura 7. Estructura de la placenta.
Figura 8. La figura muestra los cambios que se producen en la concentración de la hormona gonadotrofina coriónica humana (HGC) de estrógenos y de progesterona durante la gestación. Observe como los altos niveles de HGC producidos por el tejido placentario durante las primeras fases del embarazo mantienen la secreción de estrógenos y progesterona y el mantenimiento del cuerpo lúteo. Ello impide la menstruación y estimula el permanente desarrollo de la mucosa uterina. A medida que la placenta deja de producir HGC, los niveles de estrógenos y progesterona van reduciéndose y el cuerpo lúteo involuciona.